lunes, 12 de noviembre de 2018

SANTA MISA Y MENSAJE DE NAVIDAD 2017

En el pesebre contemplamos a Aquél que se despojó de la gloria divina para hacerse pobre, movido por el amor al hombre. mientras todas las frentes de los cristianos fieles se disponen a inclinarse y todas las rodillas a doblarse en adoración ante el inefable misterio de la misericordiosa bondad de Dios, que, en su caridad infinita, quiso dar como don supremo y augusto, a la humanidad, su Hijo unigénito. La estrella indicadora de la cuna del Redentor recién nacido desde hace veinte siglos resplandece todavía maravillosa en el cielo de la Cristiandad. Agítense los pueblos, y las naciones conjúrense contra Dios y contra su Mesías (Sal 2, 1-2.); a través de las tempestades del mundo humano, la estrella no conoció, no conoce ni conocerá ocasos; el pasado, el presente y el porvenir son suyos. Ella enseña a no desesperar jamás: resplandece ante los pueblos incluso cuando sobre la tierra, como sobre un océano rugiente por la tempestad, se amontonan negros nubarrones, cargados de ruinas y de calamidades. Su luz es luz de consuelo, de esperanza, de fe inquebrantable, de vida y de seguridad en el triunfo final del Redentor, que desembocará, cual torrente de salvación, en la paz interior y en la gloria para todos aquellos que, elevados al orden sobrenatural de la gracia, habrán recibido el poder de hacerse hijos de Dios, porque de Dios han nacido.
Es verdad, que, si nuestros ojos no mirasen más allá de la materia y de la carne, apenas si podrían encontrar motivo alguno de consuelo. Difunden, sí, las campanas el alegre mensaje de Navidad, se iluminan las iglesias y capillas, los cánticos religiosos alegran los espíritus, todo es fiesta y ornato en los sagrados templos; pero la humanidad no cesa de desgarrarse en una guerra exterminadora. En la sagrada liturgia resuena sobre los labios de la Iglesia la admirable antífona: Rex pacificus magnificatus est, cuius vultum desiderat universa terra («Ha sido glorificado el Rey pacífico, cuyo rostro desea ver toda la tierra». [Breviario romano, antífona 1ª vísperas de las de Navidad])

La gracia de Dios ha aparecido. Por eso la Navidad es fiesta de luz. No una luz total, como la que inunda todo en pleno día, sino una claridad que se hace en la noche y se difunde desde un punto preciso del universo: desde la gruta de Belén, donde el Niño divino ha «venido a la luz». En realidad, es Él la luz misma que se propaga, como representan bien tantos cuadros de la Natividad. Él es la luz que, apareciendo, disipa la bruma, desplaza las tinieblas y nos permite entender el sentido y el valor de nuestra existencia y de la historia. Cada belén es una invitación simple y elocuente a abrir el corazón y la mente al misterio de la vida. Es un encuentro con la Vida inmortal, que se ha hecho mortal en la escena mística de la Navidad; una escena que podemos admirar también aquí, en esta humilde capilla, así como en innumerables templos y capillas de todo el mundo, y en cada casa donde el nombre de Jesús es adorado.

La gracia de Dio ha aparecido a todos los hombres. Sí, Jesús, el rostro de Dios que salva, no se ha manifestado sólo para unos pocos, para algunos, sino para todos. Es cierto que pocas personas lo han encontrado en la humilde y destartalada demora de Belén, pero Él ha venido para todos: judíos y paganos, ricos y pobres, cercanos y lejanos, creyentes y no creyentes…, todos. La gracia sobrenatural, por voluntad de Dios, está destinada a toda criatura. Pero hace falta que el ser humano la acoja, que diga su «sí» como María, para que el corazón sea iluminado por un rayo de esa luz divina. Aquella noche eran María y José los que esperaban al Verbo encarnado para acogerlo con amor, y los pastores, que velaban junto a los rebaños (cf. Lc 2,1-20). Una pequeña comunidad, pues, que acudió a adorar al Niño Jesús; una pequeña comunidad que representa a la Iglesia y a todos los hombres de buena voluntad. También hoy, quienes en su vida lo esperan y lo buscan, encuentran al Dios que se ha hecho nuestro hermano por amor; todos los que en su corazón tienden hacia Dios desean conocer su rostro y contribuir a la llegada de su Reino. 
Jesús mismo lo dice en su predicación: estos son los pobres de espíritu, los afligidos, los humildes, los hambrientos de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por la causa de la justicia (cf. Mt 5,3-10). Estos son los que reconocen en Jesús el rostro de Dios y se ponen en camino, como los pastores de Belén, renovados en su corazón por la alegría de su amor.

Queridos fieles, hoy «ha aparecido la gracia de Dios, el Salvador» (cf. Tt2,11) en este mundo nuestro, con sus capacidades y sus debilidades, sus progresos y sus crisis, con sus esperanzas y sus angustias. Hoy resplandece la luz de Jesucristo, Hijo del Altísimo e hijo de la Virgen María, «Dios de Dios, Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero… que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo». Lo adoramos hoy en todos los rincones de la tierra, envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Lo adoramos en silencio mientras Él, todavía niño, parece decirnos para nuestro consuelo: No temáis, «no hay otro Dios fuera de mí» (Is 45,22). Venid a mí, hombres y mujeres, pueblos y naciones; venid a mí, no temáis. He venido al mundo para traeros el amor del Padre, para mostraros la vía de la paz.
Vayamos, pues, hermanos. Apresurémonos como los pastores en la noche de Belén. Dios ha venido a nuestro encuentro y nos ha mostrado su rostro, rico de gracia y de misericordia. Que su venida no sea en vano. Busquemos a Jesús, dejémonos atraer por su luz que disipa la tristeza y el miedo del corazón del hombre; acerquémonos con confianza; postrémonos con humildad para adorarlo. Feliz Navidad a todos.





EL AGUA ES MATERIA FUNDAMENTAL PARA EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO (Fotos tomadas el pasado Sábado durante el bautismo de los niños: Jennifer y Jessica Ramirez y Stephanie Martinez)

Por otra parte, otros versículos en la Escritura son entendidos por la Iglesia en sentido literal. Por ejemplo:
S. Mateo 26, 26-28: “Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y, dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad y comed, éste es mi Cuerpo. Y tomando un cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de él todos, que ésta es mi Sangre de la alianza, que será derramada por muchos para remisión de los pecados”.
Cuando nuestro Señor Jesucristo dice en S. Mateo 26, 26: “Éste es mi Cuerpo”, y en S. Mateo 26, 28: “Ésta es mi Sangre”, sus palabras son entendidas por la Iglesia católica exactamente como están escritas porque sabemos que nuestro Señor Jesucristo estaba en efecto refiriéndose a su Cuerpo y Sangre real, no como una figura o símbolo.
Por lo tanto, la cuestión es: ¿Cómo entiende la Iglesia católica las palabras de Jesucristo en S. Juan 3, 5 – “En verdad, en verdad te digo que quien no renaciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos”? ¿La Iglesia católica entiende estas palabras tal como están escritas o de una manera distinta? ¿La Iglesia católica entiende estas palabras en el sentido de que cada hombre debe nacer de nuevo del agua y del Espíritu Santo para salvarse, como dice nuestro Señor? La respuesta es clara: toda declaración dogmática que ha emitido la Iglesia católica, sin excepción, que trata de las palabras de Ntro Señor en S. Juan 3, 5, ella la entiende literalmente, tal como están escritas.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Exultate Deo”, 22 de noviembre de 1439, ex cathedra: “El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es la puerta de la vida espiritual pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en todos, ‘si no renacemos por el agua y el Espíritu’ como dice la Verdad, ‘no podemos entrar en el reino de los cielos’ (Juan 3, 5). La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural”[2].
Esto significa que la declaración de Ntro Señor Jesucristo de que ningún hombre puede salvarse sin haber nacido de nuevo del agua y del Espíritu Santo es un dogma literal de la Iglesia católica.
Papa Paulo III, Concilio de Trento, can. 2 sobre el sacramento del bautismo, sesión 7, 1547, ex cathedra: “Si alguno dijere que el agua verdadera y natural no es necesaria en el bautismo y, por tanto, desviare a una especie de metáfora las palabras de nuestro Señor Jesucristo: ‘Si alguno no renaciere del agua y del Espíritu Santo’ (Juan 3, 5), sea anatema”[3].
Papa Paulo III, Concilio de Trento, can. 5 sobre el sacramento del bautismo, sesión 7, 1547, ex cathedra: “Si alguno dijere que el bautismo [el sacramento] es libre, es decir, no necesario para la salvación (Juan 3, 5), sea anatema”[4].
Papa Paulo III, Concilio de Trento, del pecado original, sesión V, ex cathedra: “Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte (…) para que en ellos por la regeneración se limpie lo que por la generación contrajeron. ‘Porque si uno no renaciere del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3, 5)”[5].
Papa San Zósimo, Concilio de Cartago XVI, sobre el pecado original y la gracia: “Porque cuando el Señor dice: ‘Quien no renaciere de agua y el Espíritu Santo, no entrará al reino de Dios’ [Juan 3, 5], ¿qué católico puede dudar que será partícipe del diablo el que no mereció ser coheredero de Cristo? Porque el que no está a la derecha, irá sin duda alguna a la izquierda”[6].
Papa Gregorio IX, Cum, sicut ex, 8 de julio de 1241, a Sigurdo de Nidaros: “Como quiera que, según por tu relación hemos sabido, a causa de la escasez de agua se bautizan alguna vez los niños de esa tierra con cerveza, a tenor de las presentes te respondemos que quienes se bautizan con cerveza no deben considerarse debidamente bautizados, puesto que, según la doctrina evangélica, ‘hay que renacer del agua y del Espíritu Santo’ (Juan 3, 5)”[7].

Notas: [1] Denzinger 1788. [2] Denzinger 696; Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 1, p. 542. [3] Denzinger 858. [4] Denzinger 861; Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, p. 685. [5] Denzinger 791; Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, pp. 666‐667. [6] Denzinger 102, adición autentica al canon 3. [7] Denzinger 447.

Tomado del libro: Fuera de la Iglesia Católica No hay Salvación




LAS CUARENTA HORAS DELANTE DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO, EN LA IGLESIA INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA DE TAMPA FL,

Esta práctica apareció en la primera mitad del 1500. Pero no está excluida la posibilidad de que naciese y se hubiera propagado de la antigua costumbre medieval, por nosotros descrita, de velar en la iglesia, desde el Viernes Santo hasta el nocturno de la noche de Pascua, delante del así llamado sepulcro, donde se colocaban o se sepultaban la cruz y la hostia consagrada. Esta, sin embargo, no era del todo visible, sino que estaba cerrada en la llamada custodia.
En el año 1527, en Milán, un fervoroso misionero, Gian Antonio Bellotti, predicando la Cuaresma en la iglesia del Santo Sepulcro, persuadió a los fieles a que permanecieran en oración durante cuarenta horas continuas delante del Santísimo Sacramento con el fin de impetrar de Dios mitigara el azote de la guerra que les oprimía. Y la piadosa práctica quiso que se renovara cuatro veces durante el año: en Pascua, Pentecostés, la Asunción y Navidad. A los dos años fue admitido el rito en la catedral de Milán por obra del dominico español Tomás Nieto, famoso predicador, quien consiguió que en todas las iglesias parroquiales de la metrópoli lombarda se estuviera durante cuarenta horas en oración delante del tabernáculo. El Sacramento no se exponía todavía velado en un ostensorio ni recibía especial obsequio de luces y flores. Del sagrario mural o de la sacristía, donde entonces solía conservarse, era llevado al altar, y permanecía allí hasta la terminación de la oración.
Es muy controvertido, sin embargo, cuándo y por obra de quién se comenzó a exponer visiblemente a los fieles en la forma solemne que prevaleció después en todas partes. Hay quien asigna el año 1534, en Milán, como iniciador al barnabita P. Bono de Cremona, compañero de San Antonio M. Zacarías, que instituyó las Cuarenta Horas en Vicenza. Hay quien lo coloca en el año 1537, atribuyendo el mérito al capuchino lombardo P. Giuseppe Piantanida de Fermo, hombre apostólico, que, aprovechando sus misiones, la hizo conocer más tarde en Milán, Pavía, Siena, Arezzo y Gubio. Es cierto de todos modos que fue el último en introducir la feliz novedad de que las Cuarenta Horas, terminando en una iglesia, pasasen inmediatamente a otra, resultando así una oración eucarística ininterrumpida. En el año 1539, la nueva práctica, a instancias del vicario general de Milán, fue reconocida por Paulo III, que le concedió las primeras indulgencias. San Carlos Borromeo en el primer concilio provincial (1565) la confirmaba y la organizaba establemente en Milán.
San Felipe Neri introdujo  las 40 Horas en Roma
Roma comenzó a practicar las Cuarenta Horas hacia el año 1550 por obra de San Felipe Neri, que lo introdujo como uno de los principalísimos ejercicios de su Cofradía de los Peregrinos, y contribuyó no poco con los cantos con que supo enriquecerla a dar vida a aquellos conciertos musicales sagrados, cuya memoria se perpetúa en los «oratorios» de tantos compositores ilustres. Sin embargo, la organización oficial de las Cuarenta Horas en la Urbe no tuvo lugar hasta el año 1592 con la constitución Graves et diutúrnæ, de Clemente VIII, que decía así:
«Nos hemos decretado el establecer oficialmente en esta ciudad una cadena ininterrumpida de plegarias, por la cuál, en diversas iglesias y en determinados días, se celebre la piadosa y saludable devoción de las Cuarenta Horas, de forma que en cada hora del día y de la noche en todo el año suba continuamente al trono de Dios el incienso de la plegaria»
En el mismo documento, el pontífice exponía cuál era el fin de tal devoción, es decir, la concordia entre los príncipes cristianos y la paz entre las naciones. Por esto en la Instructio Clementina, dada por Clemente XII en 1731, como regla rubrical de las Cuarenta Horas se, prescribía que la misa que se debía cantar en el segundo día fuese la votiva Pro pace.
Las Cuarenta Horas en la forma precisa de su institución, es decir con un turno anual de adoración ininterrumpida de iglesia en iglesia, son posibles solamente en las grandes ciudades, donde existe abundancia de iglesias y de adoradores. Estas se conservan todavía en Roma, Milán y Génova, así como en Liverpool y Westminster.
De una forma, sin embargo, esporádica y menos duradera, excluída siempre la adoración nocturna, florecen en muchísimas parroquias de Italia y de otras naciones, en donde fueron generalmente introducidas desde los siglos XVII y XVIII, fijándolas en los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza con la Finalidad particular de oponer una función reparadora a los abusos de carnaval. La iniciativa de este servicio eucarístico partió de Macerata delle Marche en el 1556. En el carnaval de aquel año, queriéndose representar en el teatro una comedia obscena, dos misioneros jesuitas, para retraer y apartar de allí a la gente más sana del pueblo, concibieron la idea de exponer durante Cuarenta horas el Sacramento con todo lujo de flores y luces como expiación y penitencia. La prueba resultó de maravilla; el pueblo, despertada la fe, no dudó en preferir la iglesia a la escena. El piadoso ejercicio encontró buen ambiente; se extendió rápidamente primero en las casas y colegios de la Compañía, después en las iglesias y en las parroquias, en las que todavía actualmente se celebra como acto de amor y de solemne reparación a Jesús Sacramentado

HACIA EL IDEAL MASÓNICO: Conferencia de muchísima actualidad, pronunciada por Mons. Marcel Lefebvre el 21 de noviembre de 1986 en la Ciudad de Buenos Aires, sobre la situación de la "Iglesia" frente al falso ecumenísmo (Formación para la Acción)

Nos encontramos, sin duda, en una situación trágica, por lo tanto debemos tomar resoluciones firmes; somos los herederos de Dios que vivimos en esta época, en esta situación de la Iglesia en la que el mismo Papa está comprometido en el camino de la Revolución, por eso hemos de obrar en consecuencia, para defender a todo precio la Fe católica y la Santa Iglesia.
Ustedes conocen el libro de Sardá y Salvany: “El liberalismo es pecado”, este libro fue escrito ya hace casi un siglo y aprobado por San Pío X, aprobado por la Santa Sede. EL LIBERALISMO ES PECADO. ¿Y qué es ese pecado de liberalismo? Es la Revolución del hombre en contra de Dios; el deseo de independencia: el hombre quiso liberarse de Dios, o la libertad del hombre que quiso alejarse de Dios.
¿De qué hizo la libertad el hombre? ¿Para qué la hizo? Hizo la libertad de pecar, de ser libre para poder pecar, para obrar según su conciencia: libertad de conciencia, libertad de prensa, libertad de pensamiento…
Antes de producirse esto el hombre dependía de Dios y sentía esa dependencia de la Autoridad Suprema, la Verdad perfecta, la Ley misma […] ahora festejan la independencia, los países festejan su independencia, no sería nada si se tratara de una independencia de orden político o de un hecho simplemente histórico, lo hacen festejando la de Dios.
Podríamos preguntarnos ¿qué es ese liberalismo, cuál es su definición ? Y diremos que el LIBERALISMO es una religión; una que quiere reemplazar a la Católica; que tiene sus propios sacerdotes: los dirigentes de la Masonería. Ellos son sus sagrados pontífices, ellos enseñaron esta religión en sus logias y desde allí dirigen la operación de destrucción de la Iglesia y de la Cristiandad.
Esa religión-liberal tiene su culto, laico, el de la Diosa Razón, que fuera adorada en la Catedral de París en la Revolución Francesa. El culto a la libertad; ese culto que hace estatuas que reemplazan a las -de la Santísima Virgen María y a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.
Esta nueva religión tiene su calendario, sus gestas laicas reemplazando a las de Dios. con sus mitos: el hombre, la razón, la libertad. El hombre es tratado como todopoderoso, como centro de la Creación, sin deberle nada a Dios.
Y tiene también su decálogo reemplazando al de Nuestro Señor, este es el de los derechos del hombre. No más derechos para Dios. No más obligaciones para el hombre, sino los derechos para poder pecar, para elegir lo que quiera, para que todos respeten su conciencia. Jesús en cambio, no dijo eso a sus apóstoles cuando les enseñó a predicar: “quien crea, y se convierta, se salvará, quien no crea se condenará”. No les dijo que cada uno siguiera su conciencia, les dijo que enseñaran la Verdad y por esto ellos murieron mártires de la Verdad. No para que cada uno obrara según su conciencia, no para que les dijeran “hagan lo que quieran”, y sin embargo, por desgracia.. ese es el espíritu que domina hoy aún en el interior de la Iglesia católica.
Esta religión de liberalismo tiene también su política su organización: LA DEMOCRACIA; el poder ya no procede de Dios sino del hombre, es él quien hace la ley. La democracia se transforma rápidamente en socialismo y en comunismo; la mayor parte de las naciones que son democráticas se encuentran en esta situación, dirigidas por un poder socialista.
Más aún, se llega a la supresión de la propiedad privada, de la iniciativa privada […] de ahora en más todo está en función del Estado, todo queda esclavizado: peor en los países comunistas donde esto se realiza por el imperio de la fuerza […].
Todo esto procede de esta religión liberal; ella tiene, además, sus fuerzas, Sin duda ustedes lo saben mejor que yo, ya que no estoy enterado de los asuntos secretos de las bandas, pero es un hecho que tienen poder más o menos oculto, en las finanzas. Qué o quién, no se sabe, pero tienen todo el dinero del mundo y dominan las finanzas en todos los sectores de las ciudades; ese poder enorme que puede tranquilamente aniquilar una nación suprimiéndole los créditos -tienen el ejemplo aquí en los países de América- y a cambio de esos créditos exigen que, en estos países, se aplique la religión liberal.
Tienen así una fuerza asombrosa y un poder indudablemente diabólico.
Tienen también sus medios de comunicación que están todos en manos de la masonería.
En Europa ya no existen periódicos católicos (a excepción de “Present” de Jean Madiran), no los hay ni en Italia ni en Francia ni en Suiza, todos están en manos de los poderes internacionales […]
Ahora, finalmente, están en camino de instalar una Superreligión; tienen ustedes conocimiento de la reunión realizada en Asís el 27 de octubre pasado, pues bien, no se trata de ésta como punto de partida de tal instalación sino de una que la precediera realizada el 29 de septiembre. Yo mismo no lo sabía, para enterarme tuve que viajar a Roma en octubre pasado. Es decir, un mes antes de la reunión de Asís que presidiera Juan Pablo II, se realizó otra reunión, también allí, presidida por el príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina de Inglaterra, en la cual se hallaban las cinco grandes religiones de la tierra, dentro de la misma Basílica. Salió esto en varios diarios italianos; allí figura el discurso pronunciado por el citado príncipe en aquella ocasión, dijo él: “Así se obtiene la gracia de tener unidas aquí las cinco grandes religiones de la tierra, al fin ya no hay tapujos, al fin se acaba una sola y única verdad religiosa y al fin se suprime el escándalo cristiano de aquel hombre que vivió hace 20 siglos y pretendió decir de sí mismo: soy el camino, la verdad y la vida”. Y bien, ¿es o no una declaración contra Nuestro Señor Jesucristo?
Esto sucedió un mes antes en el mismo lugar en el que se realizaría el encuentro del Papa.
Podríamos decir que Roma no sabía de aquel encuentro, sin embargo bien que lo sabía.
Así, ante el príncipe de Edimburgo, los jefes de las religiones y el Superior General de los Franciscanos, una bailarina hindú danzó a favor de la naturaleza, puesto que el encuentro era -justamente- en defensa de la naturaleza. El padre Superior dudó un momento ante esta realización de la danza pagana dentro de la Basílica y ante el altar de San Francisco y se remitió a Roma; y dicen los diarios que Roma un poco después respondió que “no tiene importancia”, “que se haga”.
Esto no es más que una etapa para llegar a la formación de esa SUPER RELIGIÓN; ya saben que el Papa fue invitado para el año próximo a Japón para la realización de lo que se llamará el parlamento de las religiones. Esto no es más que la religión del liberalismo, esa religión que instala su voluntad, que instala su programa para reemplazar el de la verdadera religión católica, eso es algo abominable.
Tiene también, esta religión del liberalismo, sus condecoraciones. El mismo presidente Alfonsín salió en los diarios de Europa recibiendo de un grupo de judíos una condecoración de la libertad religiosa, por propender a la realización de las ideas liberales. Esa misma condecoración la recibió el cardenal Bea, aquel que insistió durante el Concilio para introducir la “libertad religiosa”, la libertad no de Dios sino de los derechos del hombre, de manos de la misma secta.
Es toda una organización, un verdadero complot, meditado, pensado punto por punto para destruir toda la cristiandad. Lo dijo bien S.S. León XIII, que el fin que interesaba a estas asociaciones era destruir las instituciones cristianas y particularmente, una contra la cual se encaminan: la familia. Cada vez hay menos matrimonios en todo el mundo, inclusive en las mismas legislaciones se sostiene la unión libre; en muchos países son menores los impuestos a los concubinos que para quienes sostienen y tienen un verdadero matrimonio. Es el desorden completo.
Y ahora llegamos al momento principal, es el golpe maestro pensado por Satanás; introducir en la Iglesia esta falsa religión, sirviéndose de sus hombres -sobre todo los episcopados- para establecer la revolución liberal. Aquí mismo en Argentina, tienen un ejemplo: lo supe al llegar, algunos obispos hicieron un esfuerzo en contra del divorcio declarando, acerca de los diputados que habían votado la ley favorablemente, que no podrían recibir la Comunión, pues bien, se los ha obligado a retractarse. ¿Qué hacían esos obispos? No hacían más que aplicar lo que está indicado en el Derecho Canónico.
Podrían preguntarse cuál es el espíritu que domina en Roma para que sea Roma quien obligue a los obispos a desdecirse. Es una situación verdaderamente asombrosa., inverosímil. Esa infiltración en el seno de la Iglesia se realizó sobre todo después del Concilio Vaticano II; el mismo Cardenal Ratzinger en su libro “Teoría del principio teológico”, dice claramente que luego de los años sesenta hubo algo que cambió en el seno de la Iglesia católica, reconociendo ahora, principios que le son ajenos, que vienen de 1789, de la Revolución Francesa. Esto dice abiertamente; inclusive, que el Vaticano II fue el golpe final, que a partir de él no se nombran más que obispos favorables a la revolución liberal. Vean por ejemplo en Chile, Brasil, Alemania, Suiza, Francia, Italia, todos esos obispos son liberales, pro-socialistas y hasta marxistas.
La revolución estaba instalada fuera y en contra de la Iglesia; ahora, por medio de sus hombres, se halla adentro y asistimos a su crucifixión. Ella sufre una verdadera pasión. Lo dijo el mismo Paulo VI, que asistimos ala autodemolición de la Iglesia. ¿Qué quería decir? La destrucción por los mismos hombres de la Iglesia [ …].
Es clarísimo como en Francia, Mitterrand pudo llegar al gobierno gracias a los obispos que entusiasmaron a los fieles para votarlo, para votar al socialismo. En cuanto fue nombrado presidente atacó con todas sus fuerzas las escuelas católicas, para estatizarlas, y no fueron los obispos quienes presentaron oposición, sino los fieles, que en número de dos millones llegaron a París para protestar contra la enseñanza libre. Los obispos no hicieron nada.
Podríamos citar cantidad de ejemplos, libros inclusive, aquí mismo ustedes conocen los editados por el Sr. Gorostiaga, libros que han denunciado esa revolución estatal de la Iglesia […]. Pero todas estas denuncias, todas esas protestas no han cambiado en nada la situación.
Ustedes deben tener en cuenta el encuentro de Asís del Papa, para nosotros, que tratamos de permanecer unidos a la Iglesia ya la Tradición, es indignante. Yo mismo le escribí a ocho cardenales para que por el amor de Dios, trataran de impedir que el Papa realizara el escándalo de Asís, ubicándose a un mismo nivel con las falsas religiones inventadas por el diablo, eso no es más que un horror y una abominación, y nosotros renegaríamos de nuestra fe católica si no nos indignáramos ante este nuevo escándalo. Ni siquiera un cardenal levantó la voz en contra; sólo uno me respondió: “Yo no puedo hacer nada ya no me queda nada que hacer, que el Papa haga lo que quiera”.
El Cardenal Arzobispo de Burdeos, Monseñor González, cuando yo estaba en España a comienzos de este mes, publicó un artículo en que sostenía que el “encuentro” era una cosa muy buena. Esto es enceguecimiento, como dice la Escritura: “Tienen ojos y no ven”.
Ante esto nos encontramos. Debemos, entonces, reagruparnos, como verdaderos católicos, en torno a los altares. Altares católicos y no esas mesas de comunión. Altares del verdadero Sacrificio, junto a los verdaderos sacerdotes, verdaderos obispos, verdadera doctrina, verdadera Religión, para asistir a la verdadera Misa católica.
Es el altar el tesoro de la Iglesia. El sacrificio de Nuestro Señor es lo más hermoso, lo más grande, lo más sublime que Él nos dejara. Debemos reencontrarnos ahí, en esos altares, para reconstruir la Cristiandad.
Todas las gracias proceden de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Gracias que han hecho muchos mártires por Dios, que le han dado a la Cristiandad el espíritu misionero. Si queremos entonces, decía, reconstruir la Cristiandad, debemos Adorarle en esos altares y para tenerlos, necesitamos sacerdotes […].
Debemos hacer familias cristianas, es a través de ellas de donde proceden las vocaciones.
Familias numerosas, unidas, donde se reza en común, donde se dan ejemplos, donde reina la modestia y las virtudes cristianas […].
Nosotros queremos volver a proclamar a Nuestro Señor como Rey; no queremos otro Rey más que Él. El Reino Universal, no solamente en nuestras familias sino también en nuestras ciudades; el Reino de Nuestro Señor como fue predicado durante siglos. Que podamos decir: “Más vale morir que traicionarlo.
Gracias por vuestra atención ¡Viva Cristo Rey!

UN DÍA COMÚN Y ORDINARIO EN NAZARET.

Daría gracias a Dios por el reposo de la noche y le ofrecería el trabajo del día que había comenzado. Lo hace todo con presteza, pero con silencio y paz y sin turbar a nadie. Hace su oración y la meditación de la mañana con piedad extraordinaria en su actitud y en su corazón, y podemos asegurar que su oración sería bastante más larga que la nuestra: tal vez el motivo de su meditación era el padrenuestro, porque ésta es la oración del Salvador y, siempre y por encima de todas las cosas, la oración del Dios-hombre, oración verdaderamente católica y universal. Después de la oración, quizá iría a la cocina a fin de preparar todo lo que pudiera necesitar su Madre durante el día. Tal vez barría las humildes habitaciones, porque la más rigurosa limpieza reinaba en aquella morada. En seguida saludaba a su Madre y a San José con profundo respeto y cada día con más reconocido amor. Les preguntaba si tenían algo que mandarle o si en alguna cosa les podía ayudar. Y se dirigiría algunas veces a la fuente para que no faltase el agua a su Madre. Cuando veía el agua que llenaba su vasija, pensaría en el agua que un día había de dar cerca del pozo de Jacob y en la que en toda la Iglesia cristiana había de redundar de las fuentes del bautismo y sobre el altar, donde su sangre se mezclaría con el agua para borrar los pecados del mundo.

Más tarde, el Salvador iba con San José a trabajar en el taller. Él mismo llevaría los instrumentos necesarios y cedería a San José la derecha. En su infancia querría aprender a trabajar, y San José le enseñaría a coger las herramientas, poniendo su ancha mano de hombre sobre la pequeña manita del Niño para dirigirla. El alma de San José se inundaba con esto en sentimientos de adoración y de amor; pero para nada interrumpía su enseñanza: comprendía perfectamente que ésta era su obligación. Todos los días el Salvador se hacía indicar lo que tenía que hacer; y con ardor, pero con paz y perseverancia, se daba a ello, aunque el sol ardiente hiciera brotar el sudor de su rostro, coronando, como de perlas, su hermosa frente, y aunque su pecho se levantara anhelante para respirar. No sale del taller ni pierde un momento en detenciones y conversaciones inútiles, sino que siempre responde con atención, deferencia y amabilidad a todas las preguntas y vuelve el saludo a todos los que pasan o se detienen. Realiza su trabajo con herramientas pobres y de la manera común entonces para el trabajo. Deja para San José el trabajo más fácil y toma para sí el más incómodo, de tal manera que, poco a poco, sus manos delicadas llegaron a encallecer.

Hacia el mediodía volvía con San José a su casa, que, durante la mañana, había guardado María. Porque a la dueña de la casa era a quien correspondía moler el grano, preparar los alimentos, hilar la lana, hacer los vestidos, traer el agua e ir al mercado a comprar lo necesario. Tal vez el Salvador pondría la mesa y ayudaría a su Madre en los trabajos del interior. Y tal vez en casa de la Sagrada Familia se haría entonces un pequeño ejercicio espiritual semejante a nuestro examen de conciencia. Luego, lavadas ya las manos, se sentaban a la mesa. San José decía la fórmula de la bendición y el Salvador se unía a esta oración con piedad y recogimiento. Escogía para sí el último puesto. Las viandas se las servía San José, y nunca llamó su atención ni se quejó: todo lo que su Madre había preparado le parecía excelente. Estos alimentos serían, según costumbre del país, poco más o menos los siguientes: carne de animales puros asada o cocida, aves, peces, leche fresca o agria o cuajada, manteca, queso y miel, lentejas, habas, melones, cebollas, higos, dátiles, granadas, manzanas, nueces, almendras, galletas y dulces. Los pobres se contentaban con pan, vinagre, leche y asado. Tomábanse los alimentos con la mano del plato en que habían sido servidos. El pan se cortaba en trozos, se partía la carne, y, después de haberla mojado en la salsa o vinagre, se la llevaba a la boca sobre un pequeño trozo de pan. Durante la comida, antes de empezar a tomar los manjares y después, se presentaba un vaso de agua o de vino. María, José y el Salvador se entretendrían amable y piadosamente y cuidarían de guardar un santo recogimiento. Acabada la comida, tomarían algún reposo y volvería después cada uno a sus ocupaciones. Durante el trabajo se hablaba poco. Tal vez la Madre de Dios venía algunas veces al taller con su quehacer para edificarse con la presencia del Salvador.

A la tarde el Señor ponía en orden todo el taller: martillos, escoplos y las demás herramientas, y volvía a su casa con San José. Después de un ligero refrigerio se recrearían con la frescura de la tarde y tal vez Jesús leería y explicaría después algún paso de la Sagrada Escritura. Por último, de pie y con los brazos cruzados, bajo una luz de varias mechas, hacían oración y se iban a descansar.
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Fuente: ROYO MARÍN, A. Jesucristo y la vida cristiana. BAC, Madrid, 1961, pp. 527-528

ORDENES IMPÍAS: 50 AÑOS DE ORDENACIONES INVÁLIDAS EN LA IGLESIA CONCILIAR DEL NOVUS ORDO MISSAE

El documento que Pablo VI publicó para cambiar el sacramento de las órdenes sagradas para el rito romano se llama Pontificalis Romani y pretende ser una constitución apostólica. El texto completo se puede leer aquí:
Para demostrar la invalidez del rito de ordenación de Pablo VI, proporcionamos una plétora de enlaces más abajo, pero solo para darle un rápido adelanto, vea por usted mismo cuán perversamente Montini masacró las palabras esenciales  de la consagración de obispos, destruyendo así totalmente el sacramento :
Forma católica tradicional , según el Papa Pío XII (1947):
  • ” Completa in Sacerdote tuo ministerii tui summam, y ornamentis totius glorificationis instructum coelestis unguenti rore santifica. 
    [Traducción:]” Perfecciona en Tu sacerdote la plenitud de tu ministerio y, revestido con todos los ornamentos de la glorificación espiritual, santifícalo con la unción celestial “.
Forma modernista del Novus Ordo , según el antipapa Pablo VI (1968):
  • ” Et nunc effunde super hunc Electum eam virtutem, quae a te est, Spiritum principalem, quem dedisti dilecto Filio Tuo Iesu Christo, quem Ipse donavit sanctis Apostolis, qui constituerunt Ecclesiam per singula loca, ut santctuarium tuum, en gloriam et laudem indeficientem nominis tui . 
    [Traducción:]” Así que derramen sobre este elegido ese poder que proviene de Ti, el Espíritu de los jefes  que didte a tu Hijo amado, Jesucristo, el Espíritu dado por él a los santos apóstoles, quienes fundaron la Iglesia en cada lugar para ser tu templo para la gloria y la alabanza incesantes de tu nombre “.
No sólo la forma falsa del Novus Ordo reemplaza  totalmente  las palabras decretadas por Pío XII como esenciales para la validez , sino que de ninguna manera expresan que lo que está sucediendo es la consagración de un obispo. ¡Ni siquiera piden al Espíritu Santo que haga a alguien que esté ordenado como obispo! En cambio, incluso si uno fuera a decir que la frase totalmente abstrusa ” Spiritum principalem ” (“Espíritu Gobernante”[o de los jefes o que hace los jefes]) es una clara referencia al Espíritu Santo, el hecho es que no se declara exactamente lo que se supone que el Espíritu Santo vaya a hacer . Se le pide a Dios el Padre que “derrame” el Espíritu Santo (más bien ese “Espíritu Gobernante”), pero ¿para hacer qué? ¿Con qué finalidad? No nos lo dicen. El Espíritu Santo también se derrama en el bautismo, en la confirmación y en las ordenaciones de diáconos y sacerdotes, por ejemplo.
La afirmación de Pablo VI de que estaba introduciendo estos cambios “para restaurar los textos del rito a la forma que tenían en la antigüedad, para aclarar expresiones o para resaltar más claramente los efectos de los sacramentos” ( Pontificalis Romani ) es más que ridícula ; de hecho, es insultante para la inteligencia del lector informado. En cualquier caso, poco más de 20 años antes, el Papa Pío XII había notado que “el uso antiguo no debe ser considerado más apropiado y adecuado, ni en sí mismo ni en su significado para tiempos posteriores y situaciones nuevas, sobre la base simple de que lleva el sabor y el aroma de la antigüedad “( EncyclicalMediator Dei , n. 61).
Una forma sacramental que no expresa lo que se supone que debe lograr es definitivamente inválida, como demuestran los artículos sobre la invalidez de las ordenaciones de Novus Ordo abajo.
Además de cambiar la forma sacramental de la ordenación sacerdotal y episcopal, en su documento Pontificalis Romani,Pablo VI también abolió el orden principal del subdiácono y todas las órdenes menores (acólito, exorcista, lector y portero), ninguno de los cuales son sacramentos, pero cuya negación fue condenada por el Concilio de Trento y contradice la mentira favorita de los modernistas para tratar de restaurar las cosas a la “antigüedad”:
… [F] desde el comienzo de la Iglesia se sabe que los nombres de las siguientes órdenes y los deberes propios de cada uno han estado en uso, a saber, los del subdiácono, acólito, exorcista, rector y portero, aunque no de rango igual; porque el subdiaconado está clasificado entre las principales órdenes de los Padres y los Concilios sagrados, en las que también leemos con mucha frecuencia de otras órdenes inferiores.
Canon 2. Si alguien dice que además del sacerdocio, en la Iglesia Católica no hay otras órdenes, mayores y menores, por las cuales, según ciertos grados, haya un avance al sacerdocio: que sea anatema.
(Concilio de Trento, Sesión 23,  Denz. 958, 962 )
Roma ha hablado; el caso está cerrado.
Pero antes de que alguien sugiere que de alguna manera la constitución de Pablo VI “no es vinculante”, hay que señalar que en ella se invoca claramente su supuesta (pero inexistente) “autoridad apostólica” y requiere que este nuevo rito puede utilizar  en lugar del católico anterior:
Por nuestra autoridad apostólica   aprobamos este rito para que pueda ser utilizado en el futuro para la atribución de estas órdenes  en lugar del rito que ahora se encuentra en el Pontifical Romano . Es nuestra voluntad que estos nuestros decretos y prescripciones sean firmes y efectivos ahora y en el futuro, no obstante, en la medida necesaria, las constituciones y ordenanzas apostólicas emitidas por nuestros predecesores y otras prescripciones, incluso aquellas que merecen menciones y enmiendas particulares.
(Antipapa Pablo VI, “Constitución Apostólica”  Pontificalis Romani ; subrayado agregado.)
Según un decreto de la Sagrada Congregación de los Ritos de Novus Ordo del 15 de agosto de 1968, el nuevo rito de ordenación de Montini se convirtió en obligatorio para toda la iglesia latina a partir del Domingo de Pascua, 6 de abril de 1969. Así que sabemos con certeza que al menos desde esta  fecha, la iglesia Novus Ordo no ha consagrado válidamente a un solo obispo en el rito romano, y probablemente tampoco haya ordenado un solo sacerdote válido.
Las repercusiones son insondables, pero explican mucho sobre el estado de la Nueva Iglesia. Los sacramentos en gran parte han desaparecido, por lo que simplemente ahora ya no se dispensa la gracia, y esto se nota.
Ahora bien, la verdadera Iglesia Católica no puede dar ritos sacramentales malvados, dañinos o inválidos a sus fieles. Tal idea contradiría la promesa de infalibilidad e indefectibilidaddada por nuestro Bendito Señor. Que Pablo VI haya podido invalidar un rito sacramental, por lo tanto, es una prueba más de que él no era un verdadero Papa y que la Secta del Vaticano II de la cual él era la cabeza no es la Iglesia Católica del Papa Pío XII y sus predecesores.
Considere las siguientes enseñanzas claras:
Si alguien dice que las ceremonias, vestimentas y signos externos, que la Iglesia Católica usa en la celebración de las Misas, son incentivos a la impiedad más que a los servicios de la piedad: que sea anatema.
(Concilio de Trento, Sesión 22, Canon 7, Denz. 954 )
Ciertamente, la Madre amorosa [la Iglesia] es inmaculada en los Sacramentos, por la cual da a luz y alimenta a sus hijos; en la fe que siempre ha conservado inviolable; en sus sagradas leyes impuestas a todos; en los consejos evangélicos que ella recomienda; en esos dones celestiales y gracias extraordinarias mediante las cuales, con inagotable fecundidad, genera huestes de mártires, vírgenes y confesoras.
(Papa Pío XII,  Encíclica  Mediador Dei , n.66)
La Iglesia es infalible en su disciplina general. Por el término disciplina general se entienden las leyes y prácticas que pertenecen al ordenamiento externo de toda la Iglesia. Tales cosas serían aquellas que se refieren a la adoración externa, como la liturgia y las rúbricas, o la administración de los sacramentos … Si ella [la Iglesia] pudiera prescribir, ordenar o tolerar en su disciplina algo en contra de la fe y la moral, o algo que resultara  en detrimento de la Iglesia o en daño de los fieles, se apartaría de su misión divina, que sería imposible
(Jean Herrmann,  Institutiones Theologiae Dogmaticae , Vol. 1 , p.258)
Intenta aplicar esto a la Iglesia Novus Ordo, y te darás cuenta muy rápidamente de que lleva al absurdo. Es simplemente innegable que la Iglesia del Vaticano II  ha  desertado,  ha dado maldad,  ha  destruido los sacramentos y  ha  sido un escándalo para los fieles en lugar de la portadora de salvación. En la Iglesia Católica, sin embargo, el Papa es “la ciudadela y baluarte de la fe católica” (Papa Pío IX,  Encíclica  Qui Nuper , n. 3). Nadie podría decir esto en serio sobre los antipapas de la Iglesia del Vaticano II. Por consiguiente, se sigue lógicamente que Pablo VI no fue un verdadero Papa sino un impostor, como lo fue su predecesor Juan XXIII, quien fundó la iglesia falsa, y sus sucesores Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco.
Con el difunto P. Carl Pulvermacher, OFM Cap., decimos : “Una vez que no haya más sacerdotes válidos, permitirán la Misa en latín”. ¡Piense en eso!

EL SACERDOTE... Por: Fray. Mario José Petit de Murat O.P. † 1972

La excelencia de las pasiones forma parte de la vida espiritual y Dios da la necesidad de ellas para la santificación. En los mandamientos encontramos uno que se refiere al amor de Dios y al prójimo “Amarás a tu Dios...” Todo lo reduce a esto: “Amarás”. Afiancemos bien la idea acerca de la castidad, desarraiguemos de nosotros la idea de que es contraria a la naturaleza humana. ¡No! La naturaleza humana está sedienta de castidad, está clamando por la castidad que purifica por dentro. Es necesaria no sólo para el sacerdote, sino para el célibe y para el casado. ¿Acaso no fueron verdaderos esposos la Sma. Virgen y San José? La carne es nada, es el calzado de nuestros pies. El verdadero connubio está en la maravillosa unión de las inteligencias. La castidad no es opresión. El hombre debe tener un completo dominio de sus apetitos. Los médicos se meten en camisas de once varas cuando opinan sobre estas cosas. Ellos observan sólo los cuerpos, y el hombre es cuerpo y espíritu. Observan cuerpos de hombres que no son normales porque el hombre normal es el santo y nosotros somos degenerados. Él médico no debe hablar de hombres sino de cuerpos y de las enfermedades del cuerpo. Hay que libertar al hombre. La castidad no es prorrogativa ni violencia impuesta al sacerdote sino una necesidad por la que está clamando la naturaleza humana. El apetito animal del hombre en cuanto a su modo debe ser racional. En el hombre la animalidad está abierta a lo sublime, aspirando a una perfección. Todo hombre tiene vocación de sacerdote. ¡Qué error cuando se dice, comentando una debilidad: “Es humano” ¡No! eso no es humano, eso va contra la naturaleza humana. ¡El hombre tiene sed de Dios! El sacerdote es el hombre en toda su plenitud. Es una locura de Dios. Dad gracias a Dios porque marcó con marca de fuego esa carne por amor a sus redimidos. ¡Qué cosa maravillosa es el sacerdote! Está en los torrentes vivificantes de Dios. ¿Habéis pensado alguna vez en estas palabras: “Yo te absuelvo”? No, “yo te pido Señor que lo absuelvas”, sino “Yo te absuelvo”. ¡Dios hizo locuras con el hombre! Es tan magnífico lo que hizo con el sacerdote, que si lo comprendiéramos, moriríamos. El sacerdote, siente circular a Cristo a través de sí. En el confesionario se sienta Dios. Surgen consejos, inspiraciones que jamás se le hubieran ocurrido a él. Cuando caemos de rodillas ante un sacerdote, lo hacemos porque vemos en él un instrumento de Dios. Al pronunciar las palabras de la consagración, el sacerdote desaparece, es Cristo que está allí. La Iglesia nos ha liberado del hombre. No veamos allí a la criatura sino a Dios. 
Cuando comprendemos la dignidad excelsa del sacerdote, ¿podemos todavía apreciarlo por sus dotes personales? Esas dotes son nada al lado de su condición de sacerdote. Escuchemos con reverencia al más humilde cura de aldea: es sacerdote, es portador de Dios. 
Y sabedlo: El sacerdote está dotado de una gran fecundidad espiritual. Su alma va cargada de multitud de almas, llevando en sí sus preocupaciones, sus problemas y sobre todo, sus destinos ante Dios. 
Oh! Vosotros que comprendéis lo que es el sacerdote, miradlo con reverencia. Que vuestra manera de tratarlo, de dirigiros a él esté proclamando el respeto y la reverencia a su dignidad. 
El sacerdote está en los torrentes de Dios y debe tener perfecta pureza. La fecundidad de la carne ha caducado. Ha sido desheredada de su fin supremo de elevar las criaturas a Dios, y ha sido dada la primacía a la fecundidad del espíritu. 
Los Patriarcas conferían los poderes del espíritu al primogénito. Era como una ordenación sacerdotal. Pero la carne defraudó y Dios dio el poder al espíritu. Los hijos de Dios no son hijos de la carne sino del espíritu: “Te doy un retorno virginal, nuevo, al espíritu...” El que hizo voto de castidad se siente rey. No trabaja para una carne caduca, enferma, que exige tanto y dá tan poco. Por eso es que el sacerdote ha sido liberado.
Oídlo bien: Liberado de la servidumbre de la carne para que, libre de todo lazo carnal, pueda volar donde una necesidad lo llama. Defended siempre la castidad del sacerdote como una necesidad esencial. El sacerdote debe ser el verbo del Verbo. El Verbo nombra a Dios. Al sacerdote le han sido dados los poderes del Verbo para que continúe su obra sobre la tierra. El Oficio Divino que reza diariamente el sacerdote es el canto del Espíritu Santo. Es el canto de la Esposa que día y noche nombra al Esposo. Lo multiplica en la boca de sus hijos. Entremos en veneración del Oficio Divino. El que lo ha tenido en sus manos, ya no puede seguir rezando novenítas. ¡Cómo han cambiado los tiempos! San Bernardo oía cantar salmos a los labriegos. ¡Cantaban salmos mientras labraban la tierra!... 
R. P. Fr. Mario José Petit de Murat O. P. † 1972