viernes, 19 de julio de 2019

LA IGLESIA DE CRISTO... : Una Revisión de la Doctrina Básica sobre la Iglesia Católica. Por el Rev. Padre Francisco Radecki Traducción: Rev. P. Pio Espina y Rev. P. Gabriel María Rodrigues

La Autoridad de la Iglesia
La protección y orientación del Espíritu Santo se reflejan en los tres atributos de la Iglesia Católica: autoridad, infalibilidad, e indefectibilidad. La Iglesia Católica recibió su autoridad de Jesucristo su Fundador, que dijo: “El que os oye, a mi me oye” (Luc 10,16).
Cristo dijo a los Apóstoles a que “enseñasen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándolas a observar todo cuanto Yo os he ordenado” (Math. 28: 19-20).
Jesucristo, que fundó la Iglesia Católica, le dio Su autoridad por la que el Papa gobierna la Iglesia Universal, los obispos sus diócesis y rebaños, y los sacerdotes sus feligreses. Los tres anillos de la tiara papal simbolizan que el Papa está para enseñar, gobernar y santificar.

El Interregno.
La Iglesia sigue trabajando cuando la Sede de Pedro está vacante entre el reinado de los Papas (el interregno), mientras ella está esperando a que un sucesor sea electo o cuando hay un papa dudoso. Ya que la Iglesia Católica debe trabajar incesantemente para la salvación de las almas hasta el final de los tiempos, ella suministra la jurisdicción a los obispos y sacerdotes durante el periodo de interregno.
La Doctrina del Magisterio, consistiendo en el Papa y los obispos enseñando en unión con él, enseña infaliblemente las doctrinas de Cristo y las hace disponibles por todo el orbe. La autoridad es transferida desde Cristo, la Cabeza de la Iglesia Católica al Papa, Su vicario en la tierra, a los obispos nombrados por el Papa (1) y a los sacerdotes que sirven a las parroquias. El Concilio de Trento (1545-1563) enseñó que los poderes dados por Cristo a los Apóstoles fueron transferidos a los obispos.
Los oficios honoríficos en la Iglesia no dan poderes adicionales al sacramento. Los cardenales eligen Papas; los arzobispos gobiernan otras archidiócesis; los monseñores son sacerdotes que han sido honrados por el Papa por un servicio distinguido.

La Infalibilidad.
El Papa es protegido, por la infalibilidad papal, de enseñar a la Iglesia Universal cualquier cosa contraria a la fe y buenas costumbres. Cuando el Papa define infaliblemente una doctrina, él simplemente hace una pública declaración de lo que siempre fue enseñado por la Iglesia.
Cristo proveyó para la exacta transmisión de Sus inmutables enseñanzas de edad en edad a través de la infalibilidad papal, la divina salvaguardia que protege a los Papas de enseñar la herejía en materia de fe y moral. Un Papa no puede inventar nuevas doctrinas ni enseñar algo contrario al Deposito de la Fe. Monseñor Van Noort explica: “La infalibilidad no es apenas la ausencia de error, sino la imposibilidad de errar” (Christ’s Church, p. 119).
El Papa Pio XII escribió sobre la infalibilidad de las encíclicas papales en Humanis Generis: “… si el Supremo Pontífice en sus documentos oficiales juzga a propósito un tema que está en disputa, es obviamente que el tema, de acuerdo con la mente y el querer del mismo Pontífice, con puede ser más considerada como una cuestión abierta a discusión entre los teólogos.”
El Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu de Verdad, protege al Papa de enseñar el error, como fue confirmado por el Concilio Vaticano de 1869 al 1870: “… el Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro de forma que, por Su revelación ellos pudieran manifestar una nueva doctrina, sino que, por Su asistencia, guardarían como sagrado y propondrían fielmente la revelación propagada por los Apóstoles, o el Deposito de la Fe” (Pastor Aeternus, c. 4. Pio Papa XII, Munificentíssimus Deus, 1 de Noviembre de 1950).

Indefectibilidad
La Indefectibilidad significa que Cristo estará con Su Iglesia todo el tiempo y que ella existirá hasta el final del mundo. “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo” (Math. 28-20).

Los herejes seleccionan y eligen lo que quieren.
Aunque una religión se pareciera un buffet, donde uno puede elegir las creencias, tendría esto apariencia religión, pero carece de sustancia. A través de los siglos líderes religiosos rebeldes han dejado la Iglesia Católica y fundado sus propias religiones. Muchos de estas religiones llevan los nombres de sus fundadores, de los cuales rechazaron enteramente o las creencias o las prácticas o desarrollaron otras nuevas.
Estos líderes, que rechazaron la autoridad de la Iglesia Católica, se establecieron como expertos en materias religiosas y vinieron a ser, para sus seguidores, la suma autoridad religiosa. Algunos siguieron privatizando la interpretación de la Escritura y rechazando igualmente la Tradición Apostólica. Otros cuestionaron la consistencia de las enseñanzas de los Papas, así como a aquellas de los Padres y Doctores de la Iglesia.
Puesto que las religiones hechas por el hombre son subjetivas, tienen inconsistencias y contradicciones. La Iglesia Católica es la única religión en el mundo que ha retenido esencialmente las mismas creencias y el mismo culto desde su fundación hasta el presente día.
Los herejes a menudo exageran una doctrina de la Fe y niegan otras. Ellos mantienen una apariencia de enseñanza Católica para más fácilmente engañar a sus seguidores. La herejía, una negación de una o más doctrinas de fide de la Iglesia, se basa en una soberbia y rebelión contra Dios, Sus leyes y su Iglesia.

Todo o nada.
El credo Católico es un conjunto – todo o nada. Considere las palabras de la Profesión de Fe del Concilio de Trento y las de la constitución Nuper ad nos del Papa Benedicto XIV:
“Además, todas las otras cosas enseñadas, definidas y declaradas por los sagrados cánones y por los Concilios ecuménicos… yo acepto y profeso sin hesitar, y al mismo tiempo todas las cosas contrarias a los mismos… igualmente condeno, rechazo y anatematizo” (Denzinger 1000, 13 de Noviembre de 1565, Injunctum Nobis, Papa Pio IV).
“Igualmente, yo acepto y profeso todas las otras cosas que la Santa Iglesia Romana acepta y profesa, e igualmente condeno, rechazo y anatematizo… todas las cosas contrarias, tanto los cismas cuanto las herejías, que han sido condenadas, rechazadas y anatematizadas por la misma Iglesia” (Denz. 1473, 16 de Marzo de 1743).
Un católico debe creer en todos los dogmas de fe de la Iglesia. Un católico practicante concurre a la Misa todos los domingos y recibe frecuentemente los sacramentos de la Penitencia y de la Santa Eucaristía. La Fe católica es un conjunto uniforme cuyas doctrinas y prácticas están intrínsecamente ligadas unas a otras. Las Sagradas Escrituras, la Tradición Apostólica, los escritos de los Papas, los Concilios generales, los Padres y Doctores de la Iglesia (2) y los santos comunican el mismo mensaje y no se contradicen los unos a los otros. Si parece que hubo alguna contradicción, esto es causa de una mala interpretación.

La Redención
Nuestro Señor redimió al género humano y abrió las puertas del Cielo a través de su Pasión y Muerte en la Cruz. “Dios amó tanto al mundo que dio su Hijo Unigénito, para que aquél que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Io 3:16). Jesús reparó el pecado original y el pecado de todos; sin embargo, cada persona es todavía tiene la responsabilidad de trabajar con “temor y temblor” (Phil 2:12) por su propia salvación. “Por lo que un hombre siembre, esto cosechará” (Gal 6:8).
Dios espera que cada uno viva una vida virtuosa, muera en estado de gracia y sea un ejemplo para todos. Aunque Jesús murió para reparar a los pecados de todos, no son todos los que se salvan: “Porque esta es Mi Sangre, la de la nueva alianza, que es derramada [eficazmente] por muchos para la remisión de los pecados.

Las formas extremas de ver la Salvación hoy día.
Muchos de la actualidad creen erróneamente que ellos son automáticamente salvados. Algunos piensan que están salvados meramente por aceptar a Jesús como a su Salvador personal. Otros creen que por estar bautizados, ellos pueden hacer los quieran. Ninguno de estos puntos de vista es correcto.
Otros ataques en contra la justicia y misericordia de Dios e incluso en contra el libre albedrío.
A causa de la Salvación Universal todos están salvados incluso si no hacen lo que Dios manda.
Uno no se salva al menos que haya recibido el Bautismo de agua.
Dios predestina las personas que serán salvadas y las que se condenarán.

La Justificación.
Santo Tomás de Aquino escribió sobre la necesidad de estar incorporado a Jesucristo ya que “… pues debajo del cielo no hay otro nombre dado a los hombres, por medio del cual podemos salvarnos” (Act. 4:12). El tema es elucidado por Canon Smith:
“Tratando de la cuestión de que si un hombre puede ser salvado sin el Bautismo, Santo Tomas alude a que si el Bautismo actual es debidamente ausente por circunstancias accidentales, el deseo, procediendo de la ‘fe y trabajando a través de la caridad’, estará en la providencia de Dios su santificación interna. Pero cuando uno tiene ausencia del Bautismo actual y culpablemente se abstiene del deseo del Bautismo, ‘aquellos que no se bautizaren bajo tales condiciones no puede salvarse, porque ellos ni sacramental ni mentalmente están incorporados a Cristo, del cual solo viene la salvación.’” (The teachings of the Catholic Church, Vol. II, p. 675. Romanos 4, 11. III Q. 68, art. 2).

El Papa Pio XII condenó repetidamente el concepto de la salvación universal:
“Algunos reducen a una formula sin sentido, la necesidad de pertenecer a la Verdadera Iglesia, a fin de ganar la salvación eterna” (Humani Generis, pfo. 45 y 42)
“Actualmente apenas estos son incluidos como miembros de la Iglesia, los que han sido bautizados y profesan la verdadera fe, y los que no han tenido la desgracia de separarse de la unidad del Cuerpo, o ser excluidos por la legítima autoridad a causa de una grave falta cometida.” (Mistici Corporis Cristi, 22.)

El Papa también explica la necesidad de unirse Iglesia Católica para aquellos que están fuera de ella:
“… implorando las oraciones de toda la Iglesia para invitar desde lo más intimo del corazón a todos y a cada uno de ellos a que rindiéndose libre y espontáneamente a los internos impulsos de la gracia divina, se esfuercen por salir de ese estado, en el que no pueden estar seguros de su propia salvación eterna; pues, aunque por cierto inconsistente deseo y voto están ordenados al Cuerpo Místico del Redentor, carecen sin embargo de tantos y tan grandes dones y socorros celestiales, como sólo en la Iglesia Católica es posible gozar. Entren, pues, en la unidad católica y, unidos todos con Nos en el único organismo del Cuerpo de Jesucristo, converjan en una sola Cabeza en comunión de amor gloriosísimo. Sin interrumpir jamás las plegarias al Espíritu de Amor y de Verdad, Nos los esperamos con los brazos elevados y abiertos como a los que vienen no a la casa ajena sino a la propia casa paterna.”

El Bautismo de Deseo y Bautismo de Sangre.
Muchos católicos aprenden primero la doctrina sobre los bautismos de deseo y de sangre en el Catecismo. El Dr. Ludwig Ott resume (7) consistentemente el asunto:
“En caso de emergencia, el Bautismo de agua puede ser reemplazado por el de deseo o por el de sangre.”
El Bautismo de deseo (Baptismus flaminis sive Spiritus Sancti):
“El Bautismo de deseo es el explicito o implícito deseo del Bautismo sacramental () asociado a la contrición perfecta (contrición basada en la caridad).
… de acuerdo con la enseñanza de la Sagrada Escritura el amor perfecto tiene el poder de justificar. ‘Muchos pecados le fueron perdonados a ella porque ha amado mucho’ (Luc 7:47). ‘El que me ama será amado por Mi Padre: y Yo lo amaré y me manifestaré a él.’ (Io 14:21) ‘Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso’ (Luc 23:43)”.
“El Bautismo de deseo obra [por la obra de la persona]. Él confiere la gracia santificante, que perdona al pecado original y a todos los pecados actuales, y libra del castigo eterno por el pecado.
Bautismo de Sangre (Baptismus sanguinis):
“El bautismo de sangre significa el martirio de una persona no bautizada, que es, que es el paciente sufrimiento de una violenta muerte o un algún asalto que naturalmente llevaría a muerte, por razón de una confesión de fe Cristiana [Católica], o por la práctica de una virtud Cristiana. Desde el principio los Padre consideraron al martirio como un substituto del bautismo. El bautismo de sangre no opera solamente … sino que siendo una confesión objetiva de la Fe, él obra también cuasi . El confiere la gracia de la justificación, y cuando las disposiciones propias están presentes, también la remisión de los pecados veniales y el castigo temporal.” (Ott. p. 356-357).

El Catecismo enseña:
“El bautismo de deseo quita a todo pecado, original y actual, y el debido castigo eterno por el pecado. Sin embargo, no emprime carácter en las almas, ni tampoco quita necesariamente todos los castigos temporales debidos por los pecados actuales. El bautismo de sangre no imprime carácter en el alma, ni le da el derecho de recibir los otros sacramentos. Sin embargo, confiere la gracia y quita el pecado, original y actual, y el castigo debido al pecado” (pp. 188-189).
Aquellos que vienen a ser miembros de la Iglesia Católica por el Bautismo de deseo y por el de sangre deben tener necesariamente un claro deseo, explicito o implícito, de recibir el sacramento del bautismo y hacer a cualquier otra cosa que Dios mande. Por lo tanto, no hay contradicción con la doctrina infalible: fuera de la Iglesia no hay salvación”, ya que estos individuos, que han sido justificados, murieron en estado de gracia santificante como miembros de la Iglesia Católica.

Nulla Salus Extra Ecclesia (No hay salud fuera de la Iglesia)
La Carta del Santo Oficio al Cardenal Cushing, del 8 de Agosto de 1949, estatuye:
“La infalible sentencia que nos enseña que fuera de la Iglesia no hay salvación está entre las verdades que la Iglesia enseñado siempre y siempre enseñará. Pero este dogma debe ser entendido como la Iglesia misma lo entiende. Porque Nuestro Salvador no dejó al juicio privado la explicación de lo contenido en el Depósito de la Fe, sino que la dejó a la autoridad doctrinal de la Iglesia.” (Cf. John Clarkson S.J. , p. 119).
“… Por lo tanto, nadie que sabe que la Iglesia fue divinamente establecida por Cristo, y, a pesar de eso, rehúsa ser miembro de la Iglesia o rehúsa obedecer al Romano Pontífice, el Vicario de Cristo en la tierra, se salvará.”
El Cuarto Concilio de Letrán (1215), en el primer capítulo del documento sobre la Fe católica, declara: “De hecho una sola es la Iglesia Universal de los fieles, fuera de la cual nadie de ninguna manera se salva…” La Profesión de Fe del Concilio de Trento enseña: “Esta verdadera Fe Católica, fuera de la cual nadie puede salvarse…”
(Denz. 1000)
El Papa Eugenio IV escribió la bula papal (04/02/1441) durante el concilio de Florencia, que atendía a hacer regresar a la Iglesia Católica las iglesias cismáticas del Este. Desafortunadamente, gran número de líderes ortodoxos y sus fieles permaneció en la mala fe. Muchos de estos murieron cuando sus países fueron atacados por los musulmanes árabes. Al mismo tiempo, otros líderes ortodoxos y sus iglesias formalmente cismáticas se reincorporaron a la Fe Católica. El documento transmite dos ideas.
“La Santísima Iglesia Católica, fundada bajo la voz de nuestro Señor y Salvador… cree firmemente, profesa y proclama que aquellos que no permanecen dentro de la Iglesia Católica… no pueden venir a ser participantes de la vida eterna… al menos que antes del final de la vida los mismos se hayan adherido al rebaño;… y que nadie, por mas limosna que haya dado, aunque haya derramado su sangre por el nombre de Cristo [profesando una religión no-católica], puede ser salvado, si no permaneciese en el seno y unidad de la Iglesia Católica. (Denz. 703 714)

La Ignorancia Invencible
El Papa Pio IX el concepto erróneo como contrario a la enseñanza Católica que “los hombres que viven en error, y separados de la verdadera fe y de la unidad Católica pueden alcanzar la vida eterna” (, 10 de agosto de 1863) (10). El mismo Papa describe la ignorancia invencible como algo distinto:
“Porque, se debe sostener por la fe que fuera de la Iglesia Apostólica Romana, nadie puede salvarse; que esta es la única arca de la salvación; que el que no entrare allí, perecerá en la mar; pero, por otro lado, es necesario sostener por cierto el que aquellos que trabajan en ignorancia de la verdadera religión, si esta ignorancia es invencible, ellos no están manchados por ninguna culpa ante los ojos de Dios. Ahora bien ¿Quién será tan arrogante que sea capaz de señalar los límites de esta ignorancia, conforme a la razón y variedad de pueblos, regiones, caracteres y tantas otras y tan numerosas circunstancias?”(, 9 de Diciembre de 1854, Denz. 1647)
“Hay, por supuesto, quienes luchan contra la ignorancia invencible acerca de nuestra santa religión. Observando sinceramente la ley natural y los preceptos inscriptos por Dios en el corazón de todos y estando listos para obedecer a Dios, ellos (los ignorantes) viven vidas honestas y pueden llegar a alcanzar la vida eterna por la de la virtud eficaz de la luz divina y de la gracia. Dios conoce, examina y claramente entiende las mentes, los corazones, los pensamientos, y la naturaleza de todos, Su suprema amabilidad y clemencia de ninguna manera permite que alguien, sin ser culpable de un pecado deliberado, sufra el eterno castigo” (, 10 de agosto de 1863).
El Papa Inocencio III escribió una carta () a Berthold, Obispo de Metz, el 28 de agosto de 1206, sobre un judío que vivía entre no-católicos que intentó bautizarse a sí mismo. El Papa dijo que él debía ser bautizado por otro, si es que todavía estaba vivo. Y continua: “Sin embargo, si tal individuo ha muerto inmediatamente, hubiera volado al instante a la patria celeste por la fe en el sacramento, aunque no por el sacramento de la fe.”(Denz. 413)

La Contrición Perfecta
San Alfonso de Ligório escribió en sus : “Dios no puede volver el rostro de aquellos que se arrojan a Sus pies con un corazón humilde y contrito. ¡Oh, con cuanta ternura Dios abraza al pecador que se vuelve a Él!” Recuérdese la humilde contrición de Santa María Magdalena. El eminente Doctor de la Iglesia, San Roberto Belarmino dijo: “El arrepentimiento destruye a todo pecado” (). La perfecta contrición es a menudo una clara manifestación del amor de uno hacia Dios.

La Fe y la Caridad Sobrenatural
La carta del Santo Oficio (Prot. N. 122/49) del 8 de Agosto de 1949, explicando el Bautismo de deseo y de sangre, estatuye:
“Pero no debe ser enseñado que cualquier clase de deseo de integrarse a la Iglesia sea suficiente para que uno se salve. Es necesario que el deseo, por el cual uno es integrado a la Iglesia, sea animado por una perfecta caridad. Ni tampoco un deseo implícito puede producir su efecto, sin la fe sobrenatural.”
El Concilio de Trento (Sesión VI capitulo 8) declara:
“La fe es el principio de la salvación humana, el fundamento y raíz de toda justificación, sin ella es imposible agradar a Dios y llegar al consorcio de sus hijos.” (Denz. 801. Ver Hebreos 11,6)
El Padre Francis Connell, CSSR, escribió:
“La virtud o habito de la fe es necesario para la salvación por la absoluta necesidad de los medios. Porque nadie puede salvarse sino el que deja este mundo en estado de gracia santificante; y el que deja este mundo en estado de gracia santificante siempre posee la virtud de la fe” ()
San Francisco de Sales describe el enlace que hay entre la fe y la caridad cuando él escribe:
“Cuando la caridad es unida y adjuntada a la fe, aquella vivifica a esta. Así como el alma no puede permanecer en el cuerpo sin producir acciones vitales, la caridad no puede estar unida a nuestra fe sin producir obras conformes a ella.”
La obediencia a Dios y a Sus leyes, y la fe y caridad sobrenatural son necesarias para la salvación. “Al presente permanecen la fe, la esperanza y la caridad, estas tres; mas la mayor de ellas es la caridad” (1 Cor 13,13).

Los Papas recuerdan a todos a que dejen el juzgar para Dios
Ya que Jesucristo murió en la cruz para redimir al género humano, Él juzgará a cada uno en el Juicio Particular luego de la muerte, y todo al género humano, en el Juicio Universal. Dios, que ve a todas las cosas, juzga con justicia e imparcialidad. La Misericordia y la Justicia son perfectamente balanceadas en Él como lo describe el Segundo Libro de los Macabeos (1, 24-25): “El Señor Dios, Creador de todas las cosas, terrible y fuerte, justo y misericordioso, Tú que eres solo el Rey Bueno, el solo excelente, el solo justo, omnipotente y eterno.”
En la alocución del 9 de Diciembre de 1854 el Papa Pio IX estatuye:
“Lejos de Nos, Venerables Hermanos, presumir poner límites a la infinita misericordia de Dios; lejos de Nos, desear escrudiñar el consejo oculto y los “juicios de Dios”que son “profundísimos” y no puede ser penetrado por el entendimiento humano.”
Es cosa temeraria e imprudente que un cualquiera declarare autoritariamente la salvación o condenación de alguien. En su encíclica el Papa Gregorio XVI escribió:
“Propio es de hombre soberbio o, más bien, insensato, pesar por balanzas humanas los misterios de la fe, “que superan todo sentido” (Phil 4,7), y confiarlos a la consideración de nuestra mente, que por condición de nuestra naturaleza, es débil y enferma”. (Denz.1616)
Aquellos que juzgan al prójimo son similares al fariseo que se alaba a sí mismo mientras se lamenta de los terribles pecados del publicano arrepentido como se nos narra en San Lucas 18: 9-14:
“Yo te digo, este hombre [el publicano arrepentido] bajó justificado a su casa más que el otro; todo aquel que se ensalza será humillado y todo aquel que se humilla será ensalzado”
Jesús, que perdonó a San Dimas y alabó a la fe del Centurión de Cafarnaúm cuyo criado curó (Math 8:10-11), será el único Juez Final que determinará quién será salvo y quien se condenará eternamente.

viernes, 12 de julio de 2019

Revista Roma N° 117 UNA ENFERMEDAD DE LA INTELIGENCIA: EL LIBERALISMO Daniel Raffard de Brienne

Sometido a las consecuencias del pecado original, el hombre con demasiada frecuencia se entrega a seguir los impulsos de las tres concupiscencias. Una de ellas en particular, el orgullo, lo incita a renovar sin cesar lo que fue el pecado original: “Seréis como dioses”. Hinchado de su similidivinidad, el hombre pretende ser el maestro de la verdad. Su inteligencia ya no le sirve para sondear humildemente la realidad, sino solamente para interpretarla según las concepciones que ella elabora a priori. La inteligencia, de receptora, se convierte en emisora. Para ella, el sujeto modela al objeto, la realidad nace de la idea y la verdad se conforma por consiguiente a esa idea.
La inteligencia se cree divina en el momento preciso en que se halla en regresión. Pues es una regresión entregarla a las impresiones del sujeto, cuando éste es el juguete de esas facultades inferiores que son las pasiones, los sentimientos, la sensibilidad. Finalmente, la inteligencia ya no sirve sino para justificar, por medio de esas construcciones artificiales que son las ideologías, los desbordes de las facultades inferiores abandonadas a la concupiscencia. La propia voluntad libre deja el lugar a la esclavitud de las turbias pasiones que se encuentran en el fondo de todas las desviaciones que su mal uso impone a la inteligencia: la sensualidad, el odio, la envidia...
No repetiremos aquí el análisis y la crítica, que ya hemos hecho[1], del pensamiento idealista y subjetivo y de las principales ideologías que ha inducido. En general, esas ideologías no rechazan las realidades materiales evidentes, aunque puedan, como el marxismo, reducirlas a no ser sino fuerzas evolutivas. Esto las conduce más o menos directamente a un materialismo muy alejado del realismo. De cualquier manera, partiendo del sujeto y no del objeto, desembocan, no en la verdad que es conformidad con la realidad, sino en el error o más bien en una multitud «le errores donde se encuentran necesariamente unas o varias contradicciones.
La Iglesia, detentora de la única verdad expresada en una doctrina completa y coherente, no puede dejarse ganar por las ideologías. Pero los hombres de Iglesia, ellos sí, son vulnerables. La historia muestra que muchos de entre ellos no han temido extraviarse fuera de la vía estrecha de la verdad para seguir caminos artificiales.
El más amplio y sin duda el más peligroso de esos caminos, es el del liberalismo. El liberalismo, por sus efectos disolventes, allana el terreno en provecho de ideologías que se pretenden constructivas. Depende de un pensamiento esencialmente destructor que tiende a la liberación del hombre respecto a todas las coacciones. Considera, en efecto, como alienaciones de una libertad sin límites a las injustas coacciones que constituye a sus ojos el respeto del orden natural y de las leyes morales. En fin de cuentas, el liberalismo cuestiona de nuevo a la verdad, fundamento de ese orden y de esas leyes.
Para los liberales, o bien la verdad única y objetiva no existe, o bien ella permanece inaccesible, pues no se debe privilegiar a ninguna de las respuestas que puede aportar el espíritu humano: no puede haber certeza. A cada sujeto le corresponde elaborar su propia “verdad” y nada autoriza a favorecer a una de esas “verdades”. Se ve que el liberalismo so sitúa exactamente en los antípodas de la doctrina católica. Los liberales son de tal modo conscientes de ello, que a pesar de su tolerancia teórica hacia todas las “verdades”, y por una de esas contradicciones que muestran la falsedad de sus concepciones, siempre han perseguido a la Iglesia y a la religión católica.
El liberalismo entró con fuerza en la historia con la Reforma del siglo XVI. Uno se equivocaría limitando el protestantismo al antipapismo y a algunas diferencias doctrinales. De modo mucho más fundamental, él aporta el cuestionamiento global de la verdad al inventar el “libre examen”, que permite a cada uno construir su propia religión partiendo de una interpretación personal de los textos bíblicos. Por supuesto, el libre examen puede conducir lógicamente a cuestionar la historicidad y la objetividad de esos textos. Puede también llevar, como ya lo hizo Lutero, a suprimir o modificar los pasajes que contradicen la opinión que uno se ha hecho. Por supuesto también, pese a sus principios de libertad y en contradicción con ellos, los reformadores no soportaron sus mutuas divergencias de interpretación. Todavía menos soportaron el mantenimiento de la doctrina católica y combatieron violentamente a la Iglesia.
Nacida en el seno del protestantismo y no sin sufrir influencias judias, la Franc-IMasonería se difunde en el siglo XVIII. Su organización en pirámide de sociedades secretas le facilita la infiltración en los ambientes influyentes y le va a permitir modificar profundamente el curso de la historia. Mucho peor que su secreto, la ideología de la Masonería se revela aun más disolvente que la de la Reforma. Los rastros de doctrina y de moral que podía conservar el libre examen de la Biblia son barridos en nombre de la tolerancia. El programa masónico se resume en la célebre fórmula: solve et coagula: “disuelve y reúne”. Disolución de la sociedad natural. Reunión en una no-sociedad libre, igual y fraternal, en una suerte de ecumenismo formado alrededor de algunos términos abstractos bajo el ala de la Franc-Masonería. El antidogmatismo fundamental de las sociedades secretas choca de frente con la firme doctrina católica. El principal combate de la Masonería se lanzará por consiguiente contra la Iglesia. Y ese combate será tanto más encarnizado en cuanto que no es sino un paroxismo de la rebelión que conduce por medio de los hombres el Príncipe de la mentira contra Dios, autor de la Verdad.
Los esfuerzos de la Masonería desembocarán en desencadenar la Revolución de 1789 que se esforzará por destruir sistemáticamente el orden natural y que aplicará terribles golpes, que ella hubiera querido mortales, a la Iglesia: la Revolución fue ante todo anticatólica. Desde entonces, ya sea en la calma o en la violencia, no dejan de sucederse o de enfrentarse el solve liberal y el coagula socialista, ambos de esencia masónica, ambos enemigos de la Iglesia pues enemigos de Dios.
No contenta con atacar a la Iglesia desde el exterior, la Franc-Masonería se encargó de infiltrar a sus agentes en el interior de la ciudadela. Ya la subversión del clero bajo la Revolución se había beneficiado con la presencia de numerosos clérigos en las logias. Una calculada ofensiva volvió a comenzar en ese sentido desde comienzos del siglo XIX, y con justicia se acusó desde entonces y se acusa todavía a numerosos prelados de pertenecer a la secta masónica: así, el cardenal Rampolla, que por poco casi fue elegido papa en lugar de San Pío X, o Monseñor Bugnini, el autor de la nueva misa llamada de PabloVI.[2]
Todavía más peligrosas que los hombres, las ideas penetraron también en la plaza. Se vio aparecer un “catolicismo liberal”, a la espera de un “socialismo cristiano” (en ambos casos, la asociación de dos términos contradictorios basta para probar la falsedad de la ideología).
Los papas descubrieron el peligro y, hasta Pío XII, no cesaron de denunciarlo. Condenaron repetidas veces a la Franc-Masonería, al liberalismo y al socialismo. Condenaron también a Lamennais y a su cristianismo liberal como a Sangnier y a su democracia cristiana. Pío IX presentó incluso en el Syllabus un catálogo de proposiciones condenadas. Y San Pío X estigmatizó al modernismo como al colector de todas las herejías, tan verdad es que el solve liberal reabre el camino a todos los viejos errores.
La multiplicidad de las condenaciones muestra el poco resultado de cada una de ellas. Por cierto, la Iglesia no podía esperar destruir la Franc-Masonería sin la acción del brazo secular. Pero ni siquiera llegaba a impedir la infiltración en su seno de los hombres y de las ideas más subversivos, pues los nuevos heresiarcas tenían cuidado de camuflarse y mantenerse en ei uparuio eciesiai. asi se difundió una doctrina heterodoxa en la que el hombre tendía a pasar antes que Dios. En ella se hablaba más de los derechos del hombre o de dignidad humana que de deberes para con Dios; de justicia social que de salvación eterna. Los dogmas se tornaban en ella relativos, sometidos al evolucionismo; su fundamento, la Sagrada Escritura, ya no era sino el testigo del pensamiento contingente en el tiempo de sus redactores. De eso se seguía que la verdad ya no tenía valor absoluto; que debía adaptarse sin cesar en función de la evolución de las costumbres y de la historia; que por consiguiente, si todas las religiones podían poseer retazos de ella, ninguna podía pretender retenerla por entero. Se imponía la idea de reagrupar a todas esas religiones alrededor de algunas nociones de base, borrosas de preferencia para mayor facilidad, en un seudo-“ecumenismo” de inspiración totalmente masónica.
No se podía imaginar una doctrina más contraria a la de la Iglesia. Sin embargo, esta doctrina fue (provisioriamente) impuesta a la Iglesia por el grupo de prelados complotados que, mediante un golpe palaciego[3], se apoderaron del Concilio Vaticano II. Los responsables no dudaron, por otra parte, en comparar este Concilio a “1789” o a la “revolución de octubre”, para señalar bien la ruptura entre la Iglesia y lo que ellos mismos llaman “la Iglesia conciliar”. La lógica revolucionaria los condujo a combatir exclusivamente y con encarnizamiento los vestigios y supervivencias de “la Iglesia del pasado”. La Iglesia conciliar se encuentra en efecto prisionera de la eterna contradicción del liberalismo incapaz de coexistir con la verdad. Le es necesario destruir supervivencias cuya persistencia y reviviscencia bastan para arruinar la tesis del evolucionismo inevitable y que pueden, si bien no dar mala conciencia a los reformadores, al menos molestarlos sirviendo de puntos de referencia a partir de los cuales se puede juzgar la extensión de la apostasía a donde conduce el pretendido “ecumenismo”.

[1] “Le deuxiéme étandard” (Lecture et Tradition n9 115); y también “Cheminant vers la vérité. Éléments de reflexión apologétique” (Lecture et Tradition n9 113).
[2] No damos aquí las referencias justificativas de esta rápida recorrida histórica. Ellas son bien conocidas.
(“LES VOIES ÉTRANGES DE L’OEOUMÉNISME”, capítulo II, in: “Lecture et Tradition”, n9 149-150, juillet-aoüt 1989, pp. 6-9). (Trad.: Thomas Me Ian).
• “LECTURE ET TRADITION” es un “boletín literario, contrarrevolucionario”, dirigido por Jean AUGUY. Dirección: Chiré-en-Montreuil —86190 Vouillé— France. Suscripción anual: 130 FF.
DANIEL RAFFARD DE BRIENNE es el autor de nueve excelentes trabajos, publicados todos en “Lecture et Tradition”:
“Lex Orandi. La Nouvelle Messe et la Foi”. (n9 101; mai-juin 1983).
“Lex Credendi. La Nouvelle Catéchése et la Foi”. (n9 107; mai-juin 1984).
[3] Sobre ese golpe palaciego, véase en particular: 
P. Ralph WILTGEN; S. V. D. : The Rhine flows into the Tiber; A History of Vatican II (Hawtorn Books, 1967)
Mons. Lefebvre: "Il l'ont découronné (Fideliter 1987).
Romano Amerio: Iote Unum. Studio delle variazioni della Chiesa Cattolica nel secolo XX (Riccardo Riccardi, 1985)

sábado, 1 de junio de 2019

DE MUCHÍSIMA ACTUALIDAD .... Carta del Papa Pío IX a los obispos de Italia: el fiel eco de la Tradición



Fuera de la Iglesia no hay salvación
El Papa continúa diciendo: "Pero también conocemos perfectamente bien este dogma católico: que fuera de la Iglesia no podemos salvarnos, que es imposible obtener la salvación eterna siendo rebeldes a las resoluciones de esta Iglesia y permaneciendo obstinadamente separados de su unidad y del sucesor de Pedro, el Romano Pontífice, a quien el Salvador confió el cuidado de la viña.
"Porque las palabras de Cristo nuestro Señor son perfectamente claras: "El que no escucha a la Iglesia, sea para ti como un pagano y como un publicano" (Mt 18, 17); "Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza; ahora bien, quien me rechaza a Mí, rechaza a Aquel que me envió” (Lc 10, 16); "Quien creyere y fuere bautizado, será salvo; mas, quien no creyere, será condenado" (Mc 16,16); "El que no cree, ya está condenado" (Jn 3, 18); "Quien no está conmigo, está contra Mí; y quien no acumula conmigo, desparrama" (Lc 11, 23). También el apóstol Pablo dice que estos hombres "se han pervertido y pecan, condenándose por su propia sentencia" (Tit.3: 11); y el Príncipe de los Apóstoles asegura que son "falsos doctores, que introducirán furtivamente sectarismos perniciosos, y llegando a renegar del Señor que los rescató, atraerán sobre ellos una pronta ruina" (2 Ped. 2, 1).
Esto no quiere decir que debemos vivir como enemigos de la raza humana o adoptar una conducta sectaria u hostil hacia otros hombres: "A Dios no le agrada que los hijos de la Iglesia católica sean enemigos de aquellos que no están unidos a nosotros por los mismos lazos de la fe y la caridad; por el contrario, deben apresurarse a prestarles todos los servicios de la caridad cristiana, ya sean pobres, enfermos o sufrientes de alguna aflicción; deben ayudarles siempre, trabajando principalmente para sacarlos de la oscuridad de los errores donde se encuentran miserablemente sumergidos; para devolverlos a la verdad católica y a la Iglesia, esta Madre llena de amor, que nunca deja de tenderles tiernamente sus manos maternales, de abrirles sus brazos para establecerlos y fortalecerlos en la fe, la esperanza y la caridad, para hacerlos fructificar en todo tipo de buenas obras y obtener la salvación eterna".
Por lo tanto, esta es una actitud verdaderamente misericordiosa y caritativa con la que el Papa invita a todos los hijos de la Iglesia a ser apóstoles y misioneros de las almas infieles, esclavos de sectas y falsos profetas, como los cismáticos y herejes.

Segundo error: la acumulación de riquezas
El segundo error que el Papa denuncia enérgicamente en su carta al episcopado italiano, es el cebo del lucro y las riquezas terrenales: "No podemos permanecer en silencio ante otro error pernicioso, un mal que, lamentablemente, divide y perturba muchas mentes y corazones. Nos referimos a ese amor propio, a esa pasión desenfrenada y dañina que hace que muchos hombres solo tengan en cuenta, solo busquen sus propios intereses y beneficios personales, sin tener la más mínima consideración por su prójimo. Nos referimos a este insaciable deseo de dominar y adquirir, que los impulsa a acumular tesoros con avidez y por todos los medios, despreciando incluso todas las reglas de la honestidad y la justicia. Preocupados únicamente por las cosas de la tierra, olvidados de Dios, de la religión y de sus almas, depositan miserablemente toda su felicidad en la adquisición de oro y riquezas. Quiera Dios que reflexionen seriamente sobre estas graves palabras de Cristo: "¿De qué sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?" (Mt 16, 26). Que reflexionen también en la enseñanza de Pablo: "Porque los que quieren ser ricos caen en la tentación y en el lazo (del diablo) y en muchas codicias necias y perniciosas, que precipitan a los hombres en ruina y perdición. Pues raíz de todos los males es el amor al dinero; por desearlo, algunos se desviaron de la fe y se torturaron ellos mismos con muchos dolores" (I Tim. 6, 9-10).
Esto no quiere decir que la propiedad o posesión de bienes sea ilegítima. El Papa no predica el comunismo, como tampoco asume la ideología de la lucha de clases o su abolición. No ignora la naturaleza social y política del hombre. Pero el olvido de Dios engendra la ley de la jungla y de los más fuertes, sin mencionar la esclavitud inevitablemente producida por los afectos terrenales. Que estas sabias palabras se escuchen en esta era de la sociedad del consumo, del materialismo desenfrenado y del alarde de todos los vicios.

Justicia y caridad
La solución que promueve el Papa no es otra que la sociedad honesta y virtuosa que ilumina y modera la religión, la ley natural y los mandamientos de Dios: "Los hombres deben, cada uno de acuerdo con su condición especial, trabajar para procurarse las cosas necesarias para la vida, ya sea en las letras y ciencias, o practicando las artes liberales o profesionales, desempeñando funciones privadas o públicas, o participando en el comercio; pero es absolutamente necesario que hagan todo con honestidad, con justicia, con integridad, con caridad; que siempre tengan a Dios ante sus ojos, y que observen con sumo cuidado sus mandamientos y sus preceptos".

No pierdan la esperanza
Ante estos males, el Papa se dirige a los líderes del pueblo cristiano, es decir a los obispos puestos al cuidado del rebaño. Afirma su confianza en su celo episcopal: "Con un solo corazón y un solo espíritu, y con una dedicación renovada, persistan en la defensa de la Casa de Israel, peleen la buena batalla de la fe y defiendan a los fieles confiados a ustedes contra las trampas del enemigo. Exhórtenlos a mantenerse firmes en nuestra santa fe, sin la cual es imposible agradar a Dios. Pídanles que permanezcan firmemente establecidos en nuestra religión divina, que solo ella es veraz y eterna... y que solo ella conduce a la Salvación... y que es la única capaz de preservar y hacer prosperar la sociedad civil".
Con admirable fuerza y talento, el sucesor de Pedro finaliza lleno de esperanza: "En medio de tantas calamidades, en medio de la tormenta desatada violentamente contra la Iglesia, no perdamos jamás el valor. ¿No es Cristo nuestro consejo y nuestra fortaleza? Sin Él no podemos hacer nada, pero a través de Él podemos hacer todo. Al fortalecer a los predicadores del Evangelio y a los ministros de los sacramentos, dice: "Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del siglo" (Mt 28, 20).
¡Quiera Dios que las verdades contenidas en esta carta del Papa Pío IX, dada en Roma el 10 de agosto de 1863, y dirigida a los cardenales y obispos de Italia, resuenen en el cielo de la Roma eterna!

Fuentes: Pío IX, Quanto Conficiamur Moerore, 10 agosto de 1863 – FSSPX.Actualités 24/05/2019

martes, 14 de mayo de 2019

LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA ... LA INFINITA PROFUNDIDAD DE UN CULTO INCOMPRENDIDO

Doble motivo del culto al Sagrado Corazón de Jesús 

El motivo del culto al Sagrado Corazón de Jesús es doble:
1) El primero es común a todos los miembros adorables del cuerpo de Jesucristo, se funda en el hecho que su Corazón, siendo una parte nobilísima de su naturaleza humana, está unido hipostáticamente al Verbo de Dios, y por lo tanto, se le ha de tributar la misma adoración con que la Iglesia honra a la Persona del Hijo de Dios Encarnado. (Se trata, pues, de una verdad de la Fe Católica que fue solemnemente definida por la Iglesia en el Concilio de Éfeso y en el II de Constantinopla.)
2) El otro motivo pertenece de manera especial al Corazón del Divino Redentor. Proviene de que su Sagrado Corazón, más que ningún otro miembro de su cuerpo, es el índice o símbolo natural de su infinita caridad hacia el género humano. "Es innata al Sagrado Corazón —decía León XIII en "Annum Sacrum"— la cualidad de ser símbolo e imagen expresiva de la infinita caridad de Jesucristo, que nos incita a devolverle amor por amor". 

Triple amor del Redentor 

El amor de Jesucristo no fue solamente espiritual. 

El amor que exhala el Evangelio, el amor del Corazón de Jesús, no comprende sólo la caridad puramente divina, sino que también se extiende a los sentimientos del afecto humano. Para todo el que hace profesión de Fe Católica esta es una verdad indiscutible.
Nuestro Señor Jesucristo poseía un verdadero cuerpo humano, dotado de todos los sentimientos que le son propios, entre ellos, el amor. Estuvo provisto de un Corazón físico, en todo semejante al nuestro, no siendo posible que la vida humana privada de este excelentísimo miembro del cuerpo tenga su natural actividad afectiva. Por tanto, el Corazón de Jesús, unido hipostáticamente a la Persona Divina del Verbo, debió sin duda palpitar de amor y de lodo otro afecto sensible, con el mismo amor infinito que el Hijo tiene en común con el Padre y el Espíritu Santo que jamás se interpuso ni contradijo con los otros dos amores, el espiritual y el sensible. 
"Ya que tomó el alma tomó las pasiones del alma", dice San Ambrosio.
 Y San Jerónimo: "Nuestro Señor se entristeció realmente para manifestar su humana naturaleza."
 San Agustín confirma: "El Señor se revistió de los afectos de la fragilidad humana".
 "Tomó pues, todo, para santificarlo todo", resume San Juan Damasceno.
 El Corazón del Verbo Encarnado es, entonces, símbolo perfecto del triple amor con que el Divino Redentor acá continuamente al Eterno Padre y a todos los humanos. Es, ante todo el símbolo del Amor Divino, que en El es común con el Padre y el Espíritu Santo en la vida trinitaria, ya que en El inhabita la plenitud de la Divinidad corporalmente.(Cf. Col. 2,9). Además, el Corazón de Jesucristo es símbolo de ardentísima caridad, que, infundida en su alma, constituye la preciosa dote de su voluntad humana, dirigida e iluminada por una doble ciencia: beatífica e infusa. Finalmente, el Corazón de Jesús es símbolo de su amor sensible, pues el cuerpo de Jesucristo, concebido y plasmado en el seno purísimo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, supera en perfección y capacidad perceptiva a todo otro organismo humano. San Pedro Julián Eymard dice que entre todas las criaturas corporales, el Corazón de Jesús es la que más contribuye a la gloria de Dios, y la que más merece el culto y el amor de ángeles y hombres. Y el cuerpo de Jesucristo, en estado de gloria sempiterna, mantiene por supuesto su Sacratísimo Corazón que nunca ha dejado ni dejará de palpitar con imperturbable y plácido latido. Así dice San Gregorio Magno: "Conoce el Corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor suspires por las cosas eternas".
 Los latidos del Corazón Divino 
¿Quién podrá describir dignamente los latidos del Corazón Divino, señales de su infinito amor, en aquellos momentos en que dio a los hombres sus más preciados dones, esto es, a Sí mismo en la Eucaristía, en la Cruz, y a su querida Madre Santísima? Así, antes de celebrar la Última Cena con sus discípulos, al pensar que iba a instituir el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, con cuya efusión se iba a confirmar la Nueva y definitiva Alianza, sintió su Sagrado Corazón agitado de intensa emoción que manifestó a sus apóstoles con estas palabras: "Ardientemente he deseado comer este cordero pascual con vosotros, antes de mi pasión" (Lc. 22,15), conmoción que sin duda fue más vehemente cuando tomó el pan, y después el cáliz, pronunciando las divinas palabras de la consagración. El Corazón de Jesús expiró de amor en la Cruz. Esta es la más inmensa manifestación de amor de todos los tiempos. El mismo lo expresó claramente: "Nadie tiene amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos... Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero os digo amigos, porque, todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca, para que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando, que os améis unos a otros." (Jn. 15, 14-17). 
El Corazón Inmaculado de María 
¿Por quién ha latido con más intensa emoción y ternura el Corazón Divino de Jesús? Para quienes profesamos la Fe Católica, esta pregunta sólo admite una sola y única respuesta, una dulce y preciosa respuesta: María. Y en el ser de María, sin duda, lo más perfecto de la pureza, la hermosura y el amor de Dios, reside en el Corazón de María. El Corazón Inmaculado de María, de cuyas maternales palpitaciones nació y se alimentó el Verbo de Dios concebido en su castísimo seno, el Corazón Inmaculado de María colmado de dicha ante el Niño Dios, el Corazón Inmaculado de María traspasado de dolor justo a la Cruz, constituye el más preciado objeto de amor del Sagrado Corazón de Jesús. Los Corazones de Jesús y de María palpitan al unísono en el amor hacia el género humano, rescatado del pecado por el más alto precio que pueda haber: la Sangre de Dios, y las lágrimas de la Madre de Dios. Por eso, el culto a los Sagrados Corazones de Jesús y de María no son devociones superpuestas, por el contrario, constituyen una sola y única devoción, la devoción perfecta del más perfecto de los amores. 
Prácticas del culto al Sagrado Corazón de Jesús
 Entre todos los promotores del culto al Sagrado Corazón de Jesús merece especialísima recordación Santa Margarita María Alacoque, quien narra en sus escritos las promesas que Nuestro Señor le hizo, en las apariciones de Parey le Monial, para todos aquellos que abracen sincera y confiadamente la devoción a su Sagrado Corazón. No se crea, sin embargo, que el origen de este culto se debe a las revelaciones privadas. No apareció de improviso en la Iglesia, sino que se fue desarrollando espontáneamente debido al hecho de hallarse en un todo conforme a la índole de la Fe Católica. Es evidente, por tanto, que las revelaciones con que fue favorecida Santa Margarita nada nuevo añadieron a la doctrina católica. Su importancia consiste en que quiso Nuestro Señor atraer la consideración de los hombres a la contemplación y adoración de su Sagrado Corazón, a fin de que los hombres nos unamos más entrañablemente con su divino amor.
La entronización de los Sagrados Corazones "No sólo apruebo y bendigo éste su apostolado, sino que le mando recorrer el mundo entero y propagarlo." Estas fueron las palabras con que el Papa San Pío X despidió al Padre Mateo Crawley cuando éste le solicitó aprobación a la práctica de la ENTRONIZACIÓN. La entronización es el amoroso reconocimiento que una familia cristiana hace de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Este reconocimiento reviste una forma muy simple: la instalación solemne de las imágenes de ambos Corazones en el lugar y sitio de honor de la casa, a través de un acto de consagración del hogar y la familia a Jesús y María. Allí se rezará diariamente el Rosario, la "oración por excelencia de la familia cristiana". Es costumbre que la entronización la haga un sacerdote. ¡Pero cuidado! ¡Que la entronización no sea ocasión para que entre en la casa un sacerdote tocado de modernismo. Si no se consigue uno, puede hacerlo el mismo padre o jefe de familia, rezando alguna de las oraciones que traen los misales antiguos o las Letanías del Sagrado Corazón.
 La Hora Santa Santa 
Margarita María dice en sus escritos: "Se me presentó Jesús como un Ecce Horno cargado con su cruz cubierto de llagas y de heridas. Su sangre adorable brotaba de todas ellas, y luego, con voz desgarradora y triste, me dijo: "¿No habrá, por ventura, nadie que se compadezca de mí y que, teniéndome piedad, comparta el dolor que sufro en este estado lamentable en que me tienen sumido tantos pecadores?"... "Aquí tienes el Corazón que ha amado tanto a los hombres, y que no ha perdonado medio alguno de probarles su amor, hasta el extremo de agotarse por ellos. Y en retorno, no recibo de la mayor parte sino ingratitud y menosprecio, lo que me amarga mucho más que todo cuanto he sufrido en mi pasión. Si los hombres me correspondieran... consideraría poco lo que he hecho, y desearía, si posible fuera, sufrir más todavía..." "Al menos tú, hija mía, concédeme el consuelo de verte reparar, en cuanto puedas y de ti dependa, esa ingratitud"... "Quiero que tu corazón me sirva de asilo, en el que me cobije para solazarme, cuando los pecadores me persigan y me arrojen de los suyos..." He aquí la idea central de la Hora Santa, que el Padre Mateo predicaba: que todas las familias cristianas dedicaran una hora mensual y aún semanal para unirse a la agonía de Nuestro Señor en el Huerto. Puede usarse, como ayuda, la lectura de algún libro de vida espiritual, de preferencia escrito por un Santo o que sea un texto clásico indiscutido. El mismo P. Mateo escribió para estas horas Santas. Pueden también rezarse los 15 misterios del Rosario. La Adoración Nocturna Pero el Padre Mateo pedía más, recordando las palabras de Nuestro Señor a su confidente Margarita María: "Te haré compartir la tristeza mortal de mi Getsemaní". Y pedía la Adoración Nocturna en los hogares, turnándose los miembros de una familia para cubrir todas las horas de la noche, una vez al mes. Las familias de pocos miembros o las personas solas pueden adorar en su casa, coincidiendo el día y hora con la Secretaria de esta Cruzada, para que todas las noches del mes, haya un alma acompañando al Señor en su Agonía, con los Sentimientos del Corazón de María Santísima. "Después de la Sagrada Comunión, ningún recurso más eficaz de Gracia que éste", decía el P. Mateo. PROMESAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS A SANTA MARGARITA MARÍA ALACOQUE Santa Margarita María narra en sus escritos —aprobados por la Santa Sede— las promesas que Nuestro Señor le hizo para todos aquéllos devotos sinceros y confiados de su Sagrado Corazón, en las apariciones de Paray-le-Monial: 
• 1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
 • 2. Pondré paz en sus familias.
 • 3. Las consolaré en sus penas.
 • 4. Seré su refugio seguro durante la vida y sobre todo en la hora de la muerte.
 • 5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
 • 6. Los pecadores encontrarán en mi corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.
 • 7. Las almas tibias se harán fervorosas.
 • 8. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.
 • 9. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones más empedernidos.
 • 10. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada.
 • 11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi corazón y jamás será borrado de él.
 • 12. Prometo en el exceso de misericordia de mi corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán en mi desgracia; mi corazón será su refugio seguro en aquel último instante.
 "Publica y haz publicar por todas partes que yo dispensaré abundantemente mis gracias a todos los que vengan a buscarlas a mi corazón". El P. Mateo Crawely, nacido en Arequipa (Perú), en 1875, niño aún fue llevado por sus padres a Valparaíso, donde ingresó en el colegio de los padres corazonistas. Ordenado sacerdote, predicó este "compendio de toda la religión y aún la norma de vida más perfecta" (Pío XI), que es el culto al Sagrado Corazón propugnando la consagración a El de individuos, familias, sociedades y naciones. El mismo cuenta cómo se despertó en él esta idea de su apostolado de reparación social y de entronización del Sagrado Corazón, cuando encontró la imagen que García Moreno mandó pintar cuando consagró el Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, imagen que el Padre Mateo difundió en el mundo entero. Luego el presidente mártir "cayó bajo el hierro de un asesino, víctima de su fe y de su caridad cristiana hacia su Patria", como lo dijo Pío IX. Aquella imagen estaba en la casa presidencial, y después del asesinato de García Moreno, la familia temerosa de que la profanaran o destruyeran, la guardaron y luego llevaron de casa en casa, pues los vicarios de las sectas masónicas la buscaban afanosamente. Viendo pues el peligro que corría, un sacerdote amigo de la familia la llevó a Valparaíso, donde estuvo en el Colegio Seminario de los Padres Corazonistas, hasta que un día, muchos años después, le pidieron al joven seminarista Mateo Crawely, de poner orden en la celda de uno de los padres, donde la encontró. Allí, cuenta éste: "Confundida con otros objetos de interés más o menos relativo, se hallaba la preciosa tela en el fondo de un baúl, en la espera de la hora de Dios para comenzar a difundir luz espléndida como sol de amor y gloria divina. Yo tuve la felicidad, mejor dicho, la gracia tan enorme como inmerecida de sacarla de la sombra y de portarla en mis hombros como una bandera de victoria de un polo al otro polo, y no creo pecar de atrevimiento si juzgo que García Moreno, mártir incomparable del Corazón de Jesús, no fue ajeno a esta predestinación de la que yo fui objeto sin ningún mérito mío". "Me atrevo a decir que fue García Moreno quien, con sus manos ungidas con su sangre gloriosa, puso en mis manos el precioso lábaro. Y cuan dichoso me sentiría yo —afirmaba el Padre Mateo— si un día me fuese dado el contribuir de algún modo a su exaltación a los altares, a fin de pagar el presente que me hiciera, el cual dio rumbo definitivo a mi vocación de apostolado social. Sí, pues, un día la Iglesia rinde al Presidente mártir semejante gloria, la Congregación de los Sagrados Corazones debería obtener de Roma nos lo diera como patrono de la Cruzada de Entronización, puesto que a la sombra de su estandarte hice yo mis primeras armas". 
CRUZADA. DE LOS SAGRADOS CORAZONES DE ]ESÚS Y DE MARÍA